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Primeros proyectos

A comienzos del siglo XVII, el monarca Felipe III trasladó la Corte de Madrid a Valladolid. Siguiendo la estela del rey, Miguel de Cervantes, como recaudador de impuestos que era, llegó a la ciudad en 1604, instalándose con su familia en una vivienda en el Rastro Nuevo de los Carneros. Esta casa fue su morada hasta los primeros meses del año 1606 momento en que se trasladó de nuevo la Corte a Madrid.

A finales del siglo XVIII se halló expediente sobre la muerte de don Gaspar de Ezpeleta, un caballero calatravo que sufrió una emboscada junto a esta casa. Entre las declaraciones de los testigos que ayudaron a socorrer al caballero se encontró la de Miguel de Cervantes. Gracias a ello se pudo localizar e identificar la vivienda.

La publicación de un extracto del proceso Ezpeleta por Juan Antonio Pellicer en su esmerada edición de El Quijote (1797), y su reproducción en 1819 por el historiador cervantista Martín Fernández Navarrete, suscitó la curiosidad por averiguar si todavía existía la casa donde había vivido Cervantes.

Aunque la documentación referente a este suceso no fue entonces suficiente para fijar con seguridad la casa donde habitó el escritor, en 1862 el profesor don José Santa María de Hita fue capaz de localizar la ubicación exacta de las estancias habitadas por Cervantes, que fue aceptada oficialmente por todas las instituciones culturales y políticas el 23 de junio de 1866, colocándose una placa recordatoria. Fue en 1872 cuando se hizo el primer intento de dedicar la casa a una finalidad cultural.

Fue un grupo de jóvenes escritores el que acordó fundar en ella el Ateneo Cervantino, arrendando la casa y reuniéndose allí para discutir temas literarios. Sus limitados recursos no pudieron soportar el peso económico de la Sociedad, que apenas tuvo de vida seis meses.

Con motivo de la conmemoración del 275 aniversario de la publicación del Quijote, el 23 de abril de 1875, el farmacéutico don Mariano Pérez Mínguez, ayudado por los propietarios de la casa, la decoró con muebles y objetos antiguos, dando a aquel histórico recinto todo el color posible de época, y se abrió al público. Se creó una Junta conservadora, formándose la sociedad La Casa de Cervantes en 1875. La casa terminó de enriquecerse con cuadros, armas y libros antiguos, raras ediciones nacionales y extranjeras del Quijote y más objetos de diverso uso y época.

También se inauguró en la casa un gabinete de lectura con doce periódicos de ciencias, artes, literatura y noticias varias, y algunas obras literarias. Mariano Pérez Mínguez también encabezó una suscripción pública para erigir una estatua a Cervantes, realizada por el escultor Nicolás Fernández de la Oliva e inaugurada el 29 de septiembre 1877 en el entonces denominado Campillo del Rastro, cercano a la casas

Las sesiones literarias se celebraron entre 1876 y 1881 y la casa continuó convertida en un interesante museo hasta 1887, año en que desaparece la Sociedad y la vivienda deja de albergar el museo, pasando a ser ocupada de nuevo por inquilinos.

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