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Tristán. Entre lo divino y lo humano

Del 2 de julio al 10 de noviembre de 2024

Exposición temporal

Tristán. Entre lo divino y lo humano

Del 2 de julio al 10 de noviembre de 2024

En el marco de la conmemoración del cuarto centenario de la muerte de Luis Tristán en 2024, el Museo del Greco presenta la exposición Tristán. Entre lo divino y lo humano. El museo se erige como un entorno de excepción desde el cual acercarse a la obra del pintor y al vibrante contexto artístico en el que se desarrolla.

Luis Tristán (1580/1590-1624)

La fecha y lugar de nacimiento de Luis de Escamilla o Luis Tristán, nombre que él mismo adopta para firmar sus obras, no se conoce con exactitud, aunque se supone que tiene lugar en Toledo o algún pueblo cercano entre 1580 y 1590. Poco se sabe de sus primeros años, aunque en 1603 aparece ya en relación con El Greco en la documentación relativa a la contratación del retablo del Hospital de la Caridad de Illescas. Durante este primer periodo de formación en Toledo no solo va a estar en contacto con la obra de su maestro. Otros artistas como Luis de Velasco o Luis de Carvajal, más cercanos a la esencia escurialense, o el italiano Orazio Borgianni, serán determinantes tanto en la configuración de su estilo como en la decisión de viajar a Italia para seguir formándose.

Las primeras noticias sobre la experiencia italiana de Luis Tristán llegan a través del tratadista Jusepe Martínez que apunta que […] estuvo mucho tiempo en Italia en compañía de nuestro gran Jusepe Ribera, llamado El Españolito, donde vino muy medrado en sus estudios: tuvo su manera muy franca y liberal y fue en su patria muy estimado […]. Fue de los primeros en emprender su viaje a Italia sobre 1606, pasando por las ciudades de Venecia, Milán, Florencia y Roma, como se deduce de los comentarios que realiza el propio Tristán en el ejemplar de las Vite de Vasari que hereda del Greco.

A principios del siglo XVII, la Roma que acoge a Tristán se erige como capital artística indiscutible y punto de encuentro para artistas de toda Europa, que asimilaron las nuevas corrientes caravaggistas en su momento de máximo apogeo. Consecuentemente, el nuevo lenguaje barroco logra una rápida expansión internacional de la que participa nuestro pintor, convirtiéndose en un fenómeno global que rompe con la tradición pictórica anterior. Allí, Luis Tristán va a seguir en contacto con Orazio Borgianni, con el que tiene una deuda estilística innegable, aunque su pintura también ha sido puesta en relación con otros artistas como Tanzio da Varallo o José de Ribera.

En 1612 está de vuelta en Toledo, donde convertido ya en un pintor eminentemente naturalista, su obra va a caracterizarse por la utilización de colores tostados, tipos humanos realistas y una luz tenebrista dirigida, propia de los seguidores de Caravaggio. Su producción se va a ver favorecida por el gusto del cardenal toledano y gran mecenas Bernardo de Sandoval y Rojas, que incentiva el nuevo estilo venido de Italia de la mano de artistas que van a ampliar el bagaje visual de Tristán en Toledo como Juan Bautista Maíno, Eugenio Cajés, Vicente Carducho o Carlo Saraceni.

En los años en los que Luis Tristán trabaja en Toledo, su producción aúna, por un lado, un mundo de imágenes de exaltación religiosa y profunda emoción a través de representaciones de la Historia Sagrada o los santos penitentes; y por otro lado, otros géneros que surgirán con fuerza como el retrato o el bodegón. Por lo tanto, su obra se va a convertir en una simbiosis entre lo divino y lo humano; una fusión, al fin y al cabo, entre aspectos religiosos, moralizantes y profanos, sin perder de vista, en ningún caso, la particular expresión barroca española de la escuela toledana de pintura del primer tercio del siglo XVII.

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