España sin rey

"... donde ya estaba encendida la guerra; tratábase asimismo de si la presencia del Rey era o no necesaria para inflamar los ánimos de la gente carlista. Un día de gran discusión en el consejo, se levantó fuerte altercado sobre esto, y el Obispo Abarca y el francés Saint-Silvain opinaron porque el Rey se reservara, cuidando de no exponer su persona al riesgo de los combates. Presentose de improviso la Reina en medio de la junta o concilio, y con acento de dignidad y enojo soltó un severo discurso terminado con esta frase: "Quien aspira a ceñirse una corona por la fuerza, no ha de mirar peligros, no ha de mirar más que a la posibilidad o certeza de lograr el triunfo"...

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España sin rey es el primero de los seis episodios que componen la quinta y última serie. Fue escrita en Madrid entre octubre de 1907 y enero de 1908, y publicada ese mismo año.

Retrata la España de 1869 que sucede al destronamiento de la reina Isabel II Nueva ventana. El país está dividido entre las facciones, unas monárquicas y otras republicanas, en las que se debaten diversos intereses políticos y dinásticos, a través de una trama novelesca, que se entrevera con los sucesos políticos. No hay rey y Juan Prim Nueva ventana gobierna el país mientras va buscando un candidato que aglutine todas las voluntades.

La historia que recoge Galdós en este episodio es el proceso constitucional de 1869 Nueva ventana desde la apertura electoral a principios de año hasta la proclamación de la Constitución Nueva ventana de los revolucionarios el 1 de junio siguiente.

Don Wifredo Romarate es el personaje carlista que recorre todo el episodio. Es un caballero español de ideas rígidas y quijotescas, principal testigo de este proceso constituyente y de las alianzas políticas que en él confluyen.

El episodio desarrolla brevemente el proceso electoral a través de la figura de Juan de Urríes, político unionista que acude a Vitoria, donde, además de ganarse la confianza de los progresistas históricos y los tradicionalistas, también enamora y promete fidelidad a Fernanda Ibero, hija del progresista Santiago Ibero. Esa fidelidad dura poco pues, cuando el joven diputado vuelve a Madrid, para comenzar la legislatura constituyente, en febrero de 1869, ante los incrédulos ojos del carlista don Wifredo, amigo de Fernanda y de su familia, mantendrá relaciones con una joven de ascendencia tradicionalista a cambio de los favores económicos que hace a su madrastra, la llamada marquesa de Subijana. Sintiéndose descubierto por Wifredo, Urríes no duda en halagar la vanidad de éste, adulándole e introduciéndole en el Congreso. Wifredo no podrá aguantar esta convivencia de intereses e ideologías y acabará trastornado, cometiendo graves disparates y teniendo que ser devuelto a la tranquilidad de su pueblo norteño donde recobra su personalidad y se prepara para luchar contra el espíritu liberal de Madrid. Después, la abandonada Fernanda matará con la espada de don Wifredo a Céfora, la intrusa que se había interpuesto entre ella y Juan de Urríes

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