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El documento medieval en la cancillería de Alfonso X

La cancillería, un scriptorium al servicio del rey

La cancillería fue la oficina encargada de expedir y autenticar los diplomas otorgados por el rey. Organizada siguiendo el modelo pontificio, en el ámbito castellano y leonés las primeras evidencias de su existencia datan del primer tercio del siglo XII y describen un organismo rudimentario, estructurado en dos oficios: el de los notarios, que ordenaban la redacción de documentos y la autenticación con el sello, y el de los escribanos, encargados de su puesta por escrito. Poco después, surgió la figura del canciller, un oficial que custodiaba los sellos y transmitía la orden real (iussio) de extender el documento al notario, quien a su vez redactaba la minuta para el escribano.

El cargo de canciller era honorífico. Hasta el reinado de Fernando III (1217-1252), existió un canciller mayor de León y otro de Castilla vinculados a prelados que solían delegar el ejercicio en oficiales. Las funciones del canciller fueron recogidas a mediados del siglo XIII en las Partidas de Alfonso X. Entre estas tareas figuraba el control de las expediciones, la validación con el sello real y la cancelación de las cartas defectuosas. Tras un ordenamiento jurídico efectuado por Fernando IV en 1312, la cancillería alcanzó su madurez, figurando el canciller a la cabeza de los oficiales del rey como custodio del sello. Poco después, asumió la toma de juramento de los escribanos y notarios y las normas sobre el registro de documentos. La reina y los infantes también nombraron a sus propios cancilleres entre destacados nobles y eclesiásticos. Junto con ellos, existió un canciller del sello de la poridad (o secreto), que expedía los documentos que no podían ser atendidos por la vía ordinaria pues tenían un carácter más reservado.

Las Partidas establecieron que los notarios debían prestar juramento de su oficio ante el canciller y preparar las minutas de los documentos ordenados por este, que eran sellados antes de su emisión. Al igual que los cancilleres, los notarios protegían los intereses del rey en los diplomas y se aseguraban de que los documentos estaban sujetos a derecho. Tenían a su cargo la elección de los escribanos, escogían a sus lugartenientes y ordenaban el cobro de tasas, de las que recibían sus propios honorarios. Además, los conocimientos jurídicos que poseían los notarios les permitieron convertirse también en interlocutores para misiones diplomáticas.

Biblia de San Luis. Catedral de Toledo

Los escribanos formaban la base de la estructura cancilleresca. Las leyes alfonsíes diferencian entre los escribanos de cámara, que gozaban de la confianza regia e intervenían en la composición de testamentos reales y en la firma de capitulaciones, y los que estaban a las órdenes del canciller y los notarios, que ocupaban las escribanías de la cancillería, y tendieron desde finales del siglo XIII a la especialización por asuntos y territorios. Junto a estos escribanos, figuraban otros oficiales como los secretarios, que velaban por la correcta inclusión de las instrucciones del rey, y los concertadores, encargados de cotejar los privilegios originales con sus confirmaciones, y de insertar una marca de control y una rúbrica en el reverso de los documentos para señalar su conformidad. Por otro lado, los registradores eran esenciales para la anotación de los diplomas antes de su sellado, una tarea que debía ser supervisada por los notarios. Se tiene constancia de los primeros registros de cancillería a finales del siglo XIII, que quedaron a cargo de un registrador mayor. Por último, el trabajo de los selladores estaba sujeto al control del canciller, que delegaba en ellos la guarda de las matrices y la vigilancia de que los documentos tuvieran validez diplomática.

Música de los audios.

Obra: Volviendo al Hogar (https://www.fiftysounds.com/es/)

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